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Y cuando se cierra el telón...[Priv/Kim JaeJoong]

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Y cuando se cierra el telón...[Priv/Kim JaeJoong]

Mensaje por Jung Jessica el Jue Nov 10, 2011 6:48 pm

Silencio; un silencio implacable se adueñó del interior de aquella gran estancia que conformaba la sala de conciertos de aquel teatro en el centro de la Metrópolis, mientras el único músico en escena permanecía estático y con la atención concentrada en las teclas de su piano en las cuales sus dedos reposaban sin emitir sonido alguno.
Su apariencia, presuntamente tranquila, ocultaba tras sus párpados cerrados un estado algo más turbio.
Nervioso, exactamente así era como lo percibía desde mi asiento a pocas filas de distancia.
Los recitales de música clásica, ya sea orquesta, o en defecto como este caso, tan solo de piano, eran una forma de escape que usaba a fin de deshacerme por unos escasos instantes de todos los problemas que me perseguían día a día.
Tan solo las primeras notas de aquel instrumento presagiaban el inevitable encadenamiento de emociones que aguardaban al inicio de la melodía para lanzarse sobre mi corazón latente, que ya repiqueteaba a un ritmo levemente anómalo.
Aquella canción siempre me había inspirado una mezcla de emociones y sentimientos que viajaban desde la emoción, alegría y enternecimiento hasta la melancolía y la inquietud de sentir como diversos recuerdos se bloqueaban de forma permanente en mi cabeza.
Conocía aquella canción, me era partircularmente familiar y a pesar de que aquel pianista podría considerarse mediocre, no era lo que más me importaba de la situación.

El pianista suspiró apenas perceptiblemente, sólo dejando que el aire atravesase la frontera que conformaban sus carnosos labios, sin permitir que la acción tuviese repercusiones sobre cualquier músculo de su cuerpo más de lo estrictamente necesario; se veía meticuloso con sus acciones y consciente de los efectos que la sucesión de notas, así como la ejecución de la pieza, podría tener sobre su figura.
Lo percibía todo a la perfección. Había acudido a aquel teatro cada viernes por la noche desde hace 3 meses, justo cuando aquel chico comenzó a actuar. Siempre tocando esa misma canción al comienzo de cada recital.
¿Era extraño que no me cansanse de escuchar siempre lo mismo? Quizá sí, pero lo monótono reñía con la evocación de momentos pasados, era como abrir una ventana al pasado, al pasado olvidado.

El recital continuó. Una nota apenas susurrada al viento, alargada en el tiempo como si pretendiese resumir en su sola presencia la esencia de toda la obra venidera, una lenta aleación de pesados sonidos que, en aquel inicio, corroboraban el legado de aquel primer vibrar de las cuerdas escondidas en el interior de la gran y lacada caja negra.
El buen hacer del músico definía ese proseguir con una fragilidad que continuaba con la amarga melancolía que no había cesado de resonar, claramente marcada en la tinta negra que se colgaba de un pentagrama que aquel presunto caballero no necesitaba leer.
Dejé que mis, hasta entonces, semiabiertos párpados, se cerrasen, para disfrutar de aquella magnífica sucesión de notas deleitara mis oídos mientras me recostaba con significativo relajo en la butaca.

Aquella canción me recordaba demasiado a una relación amorosa, como si el arranque definiera la propia situación antes de conocer a alguien, agria, amarga, denotando una soledad que pendía en el aire; a continuación, aquel amable proseguir me recordaba la candidez, la amabilidad y la inocencia que alguien te demuestra cuando te abraza, te besa o simplemente, roza tus mejillas con disimulo.
Y las notas finales, la que remarcaban la consumación de una historia, la conclusión de cientos de emociones y la despedida de aquel sentimiento que te embargaba cada día.
Sin embargo, había experimentado demasiadas veces tal situación.
Ya era inmune, al menos eso quería creer, al amor. Hacen latir con brío tu corazón, para luego pausar sus latidos con una fulminante puñalada.
La desdicha y desgracia posteriores...sin duda, el amor no era un precio comparable a tales finales.

La platea se sumió en un ensordecedor repiqueteo de aplausos y vítores que casi parecían querer proseguir con el exiguo piano del último sonido.
Con despiste, sumida en mis pensamientos, me incorporé de mi sitio para unirme a la ovación popular.
El pianista, sin embargo, permaneció ajeno a todo aquello, tan quieto e impasible como lo hubiera estado en un principio.
Me permití paladear una vez más la sintonía de la canción, ya extinta, en mi cabeza.
El mundo paralelo al cual me había transportado en ese recital, se había desmoronado, devolviéndome al mundo real.

----------

Pocos minutos después, ya habiendo pasado la medianoche, el auditorio yacía en silencio habiéndose ido ya hasta el último espectador. Excepto mi persona.
Continuaba acomodada en mi butaca, con la mirada perdida en aquel negro y elegante piano. La escasa luz de la calle se derramaba sobre el escenario, dando un aspecto lúgubre a todo el teatro.

Encandilada por el distinguido instrumento que se situaba justo en el centro de la escena, me levanté de mi sitio con la mirada fija en él, deslizándome hasta éste con un paso totalmente distraído y lento.
Analicé el lugar con la vista, para cerciorarme de que que realmente, era la única persona allí. No pretendía tocar el piano de otra persona sin consentimiento, pero a medida que rozaba con las yemas de mis dedos la deslizante y brillante tapa de éste, más eran las ganas que se reunían en mi interior de presionar mis dedos contra sus teclas y tratar de imitar la melodía anterior.
Di dos pasos hasta sentarme en el taburete. Fijé mi atención en el teclado, acariciando las suaves letras de blanco marfil...y comencé a tocar, torpemente.
No tenía nociones de música, pero intentaba emular cada una de las notas y matices de la canción.

Paré en seco, dando un leve respingo en mi sitio, alarmada al parecerme ver una fugaz sombra oscura. Volteé mi cabeza nerviosa, ¿habría alguien ahí?
Exhalé un profundo suspiro, con toda seguridad no se me permitía permanecer allí después de una actuación, así que lo más correcto sería marcharme antes de que ocasionar algún malentendido.
Con paso apresurado, bajé del escenario recorriendo el pasillo hasta el gran portón casi corriendo, pero al momento de salir noté una ligera sensación en la muñeca, demasiado extraña para lo que estaba acostumbrada...
Bajé mi mirada justo para ver como la pulsera que siempre me acompañaba en la muñeca izquierda no se encontraba en su sitio habitual.
¿Estaría en el escenario? Negué con la cabeza, a pesar de ser un objeto bastante preciado, no debía permanecer más tiempo allí...¿o sí?
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Re: Y cuando se cierra el telón...[Priv/Kim JaeJoong]

Mensaje por Kim Jae Joong el Jue Nov 10, 2011 8:37 pm

¿La tierra… Que era la tierra?
Un lugar en donde los peores seres habitan sin mas remedio que estar juntos el uno con el otro, un lugar que mas bien me daba pena por no decir repulsión, ya que esa palabra sonaba bastante mal porque a pesar de todo en ese pedazo de mundo estaban habitando seres ajenos a lo malo que podía acontecerles en su alrededor, ya dije, no soy un defensor de la paz porque soy egoísta y no me interesa lo que le pueda pasar a los demás siempre que estos “Ciertos Demaces” no tengan que ver conmigo en un punto en donde sienta frustración por no poder hacer nada por ellos, no es que esto me haga ser un ser repugnante el cual no se este mereciendo la misericordia de nadie, o bueno puede que si, pero creo que ya estaba bueno de que las personas siempre tengan que ser defendidas por otros bolsas para no tener ellas mismas responsabilidades de sus actos. Bien si era cierto que antes yo era muy distinto que el ahora ¿Pero en que Jae? Una pregunta un tanto retórica pero en si con una respuesta extraña… No lo se, una respuesta que me estaba dando para salir de ese paso y no seguir pensando en el gran origen de mi cambio.

Mi pasado influía en todos los sentidos con mi presente, tal vez no de una manera tortuosa pero era el que me hacia frenar en momentos en los cuales era necesario ya que a veces mi ser, ese ser macabro y lleno de rencor con una gran sed de sangre salía relucir y ese pasado que “Pesaba” en mis hombros me hacia volver en si, no es que cuando este momento de frenesí pasaba yo no estaba teniendo conciencia de nada y tampoco es que era como aquel típico monstruo mitológico que se transforma con el pegar de la luna o cualquier mierda de esas, sino de una manera en la que una especie de emociones salían a flote de mi, dejando atrás ese ser pasivo y relajado un tanto despreocupado que con tanto esfuerzo había logrado crear en mi, ¿Doble personalidad? No… No era doble personalidad, tan solo era la manera o mejor dicho, la mejor manera de sobre llevar las cosas sin tener que irme a los extremos de arrancarle la cabeza a alguien con el filo de algún objeto contundente, como tal era mi espada.

Una espada, si una espada de doble hoja que siempre tenia conmigo, bueno en esta ocasión creo que el haberla escondido había sido lo mejor, ya que el estar en aquel lugar llamado tierra, un lugar en donde los mejores placeres se podían encontrar pero que también estaba lleno de personas que juzgan sin saber, y pues sin querer meterme en ningún problema con alguno que otro maricon aficionado que por verme con una espada a meterse conmigo podía, reía un poco de lado caminando por aquellas calles de la ciudad en donde estaba, que en si ni sabia como se estaba llamando, es mas, creo que ni siquiera sabia el porque yo me encontraba en un lugar tan estruendoso como en las ciudades de la tierra, si bien sabia que los de mi especie son seres un poco retorcidos, de eso que no quepa la menor duda, pero creo que de eso me había aburrido y solo andaba por ese lugar como tal niño explorador emitiendo una que otra sonrisilla se satisfacción por las miradas que todas las mujeres que pasaban por mi se posaban andando así en fachas normales… Normales de un “Humano” ¿Humano Jae… Tu un humano?

- Las 10pm… Que tarde es… Y pensar que aun tenia muchos mas planes… - Me dije a mi mismo mientras que aun iba caminando por aquellas calles de la ciudad sin un rumbo fijo, sin saber que camino tomar, bueno no es que yo siempre sepa que camino tomar porque pues, solo soy un chico que camina y que si encuentra un buen lugar en donde dormir para el esta bien, si mi vida sonaba hasta aburrida, pero esa fue la vida que desde hacia ya doscientos años yo había decidido vivir, sin ninguna complicación y menos preocupación de ningún tupo, como por ejemplo el hecho de tener que estar peleando en una estupida guerra que ni siquiera el mismo que la había ocasionado sabia porque aun seguía en pie, lo mió era solo observar de lejos sin omitir opinión alguna porque después de todo no era realmente mi problema, creo que los problemas que yo estaba teniendo eran suficientes para pero… ¿Qué problemas? Siendo una pregunta muy acertada ya que después de tantos años, ya no tenia nada de que preocuparme salvo de llegar a un lugar en donde hubiese para alimentarme y encontrar un buen suelo en donde dormir, y claro estaba el estar siempre que Hye me solicitara… Aquella mujer que se hacia llamar mi líder desde que había llegado a ese clan.

¿Qué es? Me dije curioso mientras que me pare en aquella acera, sacando una de mis manos que tenia dentro de mis bolsillos para agacharme un poco y tomar aquel papel que estaba en el suelo, un papel que brillaba por su color dorado, Boleto… ¿De que? Me pregunte a mi mismo, si parecía hasta en cierto punto un ignorante, pero es que yo no me lo pasaba en la tierra como para saber en si ni siquiera lo que era un horno eléctrico o aun peor una tv, ya que esas cosas de la tecnología en si me aburrían, la naturaleza para mi siempre resultaba ser la mejor además de que por allí siempre andan distracciones aun mejor que ver un cajón que habla durante todo un día, distracciones mas placenteras y que si que te hacían llegar hasta el cielo, riendo un poco de lado con esto, mire entonces a mi mano derecha y me di cuenta de cómo es que muchos “Humanos” tenían en sus manos los mismos boletos que yo y se los daban a un tipo con cara de idiota para así entrar en una gran sala que desde donde yo estaba parado se veía bastante lujosa, ¿Por qué no? Me pregunte acercándome entonces hasta ese mismo tipo gafo dándole entonces aquel papel, escuchando como con una sonrisa que a leguas se notaba que era hipócrita me daba la bienvenida y me indicaba que debía sentarme en el asiento numero 300.

300… 300… 300… Ah 300! Me dije luego de haber encontrado el asiento que tenia el numero en cuestión bastante grande, como para que un ciego no lo mirara, cierto, creo que mi sentido del humor era bastante malo pero… ¿Qué era peor… Morirse amargado o morirse tras un buen chiste? Nah que va, que mierdas iba a estar sabiendo yo de eso, solo parecía una persona normal y tranquila en medio de fenómenos humano idees, tras haberme sentado y mirado un poco curioso lo que estaba pasando, note como es que en frente tras una buena cortina roja estaba un tipo sentado en un banco en frente de un piano y como es que comenzaba a tocarlo, solo me sorprendí un poco porque de verdad la melodía era hermosamente espectacular, palabras muy sofisticadas para mi lenguaje pero debía de admitir que tan solo con escucharlas todos aquellos momentos con aquella mujer… Con aquella mujer pasaban por mi mente en ese momento, solo me quede como un tonto escuchando aquella pieza de música que para mi era mi vida entera, la vida de 400 años.

¿Termino… Ya? Dándome cuenta de que me había perdido en ella, era como si me hubiese transportado a otro mundo en donde solo estábamos… En donde solo estábamos ella y yo… Me dije a mi mismo mientras que solo cerraba mis ojos para terminar aquellos recuerdos sintiendo como es que de mis ojos salían lagrimas que segundos después pasaban por mis mejillas cayendo así hasta otro lado, creo que me había quedado allí con aquella melodía que retumbaba mis oídos, pero… ¿Pero que? Me pregunte a mi mismo tras el haber escuchado como es que de aquel cajón llamado piano salían ahora notas de muerte, notas con las cuales te podían dar ganas de tomar una soga y suicidarte pero que por mala suerte esta se rompiera y que murieras de un golpe en la cabeza por justo estar allí una maldita roca puntiaguda la cual te da en la nuca dejándote muerto.

Abrí mis ojos notando que era la presencia de una chica, solo sonreí un poco porque aquella chica no tenia ninguna noción de música, no es que yo si, pero jamás me atrevería a hacer algo como lo que ella estaba haciendo en ese momento, solo desde mi asiento escondiéndome un poco para que no me viera note como es que no estábamos solos ella y yo, como siempre solo me quede mirando lo que podría pasar y pensando si movería un dedo o no para hacer algo, pero… Ella se había dado cuenta de que no estaba sola y no por mi, sino por aquel espectro, si espectro porque hasta a mi me hubiese asustado algo así, solo sonreí de nuevo mirando como es que ella salía como una bala de aquel escenario hasta la puerta de salida, me levante entonces del asiento en donde yo estaba, dirigiéndome hasta el escenario porque me había percatado de que ella había dejado algo, algo que brillaba, ¿Qué es? Esta mona… Me dije para mi mismo tomándola en mis manos para así levantarla junto con mi voz, -¿Es tuyo esto? – Pregunte de nuevo con aquella sonrisita, esperando entonces a que ella no pensara que lo que le había asustado fue mi presencia y que se diera cuenta de que no estábamos solos en ese lugar.
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